¡QUE NO OS SEPAREN! - Mi sueño


Mi sueño

Mi único deseo era estar sola para no olvidar esos 2 segundos de la mirada de mi hijo.


Ese cuadro me lo regaló álvaro para mi cumpleaños. Cuando me lo dio, me puse a llorar, porque era sencillo y precioso al mismo tiempo. En ese momento estaba embarazada por primera vez, viviéndolo con muchísima ilusión.

En ningún momento me podía imaginar que la bienvenida que daríamos a nuestro hijo sería tan distinta a la de este cuadro.

Ahora miro el cuadro y me emociono de una forma muy especial, porque me doy cuenta de que realmente fue un sueño, solo un sueño. Porque la realidad no tenía nada que ver con este dibujo.

La matrona hizo su última tarea ese día que consistía en meter los dedos de mi mano derecha en una cajita de tinta para plasmar mis huellas en un papel, mientras el anestesista me ataba la mano izquierda y unas personas se reían a mi
lado. Estaba totalmente desnuda.

De repente, sin avisar, empezaron a cortar, a abrir y a remover con varias manos.
Recuerdo muy poco, únicamente que intentaba huir de mi cuerpo para no sentir lo que me estaban haciendo.
De pronto me di cuenta de que ya no estaba mi hijo,
ni dentro, ni fuera de mí.
No estaba en ningún sitio.
Pedí verle y tras insistir mandaron a alguien fuera y al rato trajeron un bebé envuelto en una toalla.
Es el único momento que recuerdo de verdad: una mirada de apenas 2 segundos de mi hijo- y se lo volvieron a llevar.

Fue la noche mas larga de mi vida. No podía dormir, solo pensaba en donde estaba Daniel "¿Estará en la misma planta o en otra? ¿O incluso en otro edificio?" No podía parar de pensar en él, me dolía saber que el no sabía nada, que nadie le habría explicado donde está. Ninguna voz familiar, ningún olor conocido. ¿Alguien le habrá dicho que su madre está deseando abrazarle? No podía moverme. Me enloquecía pensar que en ese momento era una enfermera y no su madre la que estaba bañándole, porque eso podía confundirle y hacerle pensar que era ella y no yo, su verdadera madre.

El primer día vino mucha gente, con regalos, hablando de mil cosas de las que no recuerdo en absoluto. Porque mi único deseo era estar sola para no olvidar esos 2 segundos de la mirada de mi hijo.

Esa misma tarde álvaro consiguió una silla de ruedas para bajarme a la zona de Neonatología. Cuando salimos al pasillo y vi que mi cuñado nos grababa con la cámara de vídeo para mandar unas imágenes a mi familia en Austria sentí mucha vergüenza. No quería que me viesen así, en una silla de ruedas y yendo a visitar a mi hijo como si fuésemos de excursión al zoológico.

A la zona de neonatos no le faltaba lo más importante: el gran cristal con la persiana que se maneja desde dentro, sobre todo para cerrar. Me acerqué al cristal y me puse de pie. Vi unas 8 cunas, cada una con un bebé. Era incapaz de reconocer a mi hijo, intenté leer los nombres en los cartelitos de cada cuna hasta una enfermera se dio cuenta y me indicó cuál era la de mi hijo. En su cuna ponía "Daniel II". Así que ahora me tenía que creer que ese bebé era mi hijo. "Daniel I" era enorme y muy oscuro, ya me quedé más tranquila. Lo que una llega a pensar…

Al tercer día me dieron el alta, pero Daniel se quedó en la clínica, algo que a los demás les pareció normal, lo que hizo que me aislase aún más. Salimos de la clínica en coche, y por mucho que intentaba razonar y usar mi cerebro solo pensaba que de alguna forma, había abandonado a mi hijo.

A partir de ese momento cada día fue peor. Los horarios de visita eran 2 veces al día 30 minutos y ni un segundo más. Intenté negociar, pero fue imposible. Pero una enfermera que me vio discutir desesperada pidiendo explicaciones a los médicos, se me acercó, me dio un papel con su número de teléfono y me dijo: "Llámame 2 horas antes del horario de las visitas, miraré lo que puedo hacer." Cuando la llamé y me confirmó que no estaban los médicos, cogí un taxi y me fui a la clínica. Allí me llevó a una sala "¡Pssst!", y al rato vino con mi hijo en su cuna. Me pidió que no se lo dijese a nadie y cerró la puerta. Por primera vez estábamos solos. Saqué a Daniel de la cuna y le miré. Estuvimos juntos más de una hora, le hablaba y le miraba. Fuera se estaba haciendo de noche y él tomaba el pecho tranquilamente mientras le cantaba. Tuvimos que esperar cinco interminables días para ese primer momento. Todavía hoy no entiendo porque no he sido capaz de llevármelo a casa esa misma tarde.

Cuando estaba segura de que a mi hijo no le pasaba nada, y que no necesitaba estar en el nido, pedí el alta voluntaria. No lo aceptaron, me dieron largas, pero hubo un límite y al final no pudieron oponerse a ese derecho que tenemos los padres.

Volvimos a empezar, durmiendo juntos debajo del cuadro en nuestra cama, Daniel encima de mi tripa y con sus manos tocándome mientras yo le acariciaba la espalda. En ese momento comenzó nuestra recuperación.

Cuando nació nuestro segundo hijo, Lucas, durante sus primeros días no dejé de pensar en Daniel, fue un pensamiento continuo que duró justo 10 días, las que Daniel estuvo ingresado. A Daniel y a mi siempre nos faltarán estos primeros días, pero ahora con cada abrazo y con cada mirada nos acercamos un poco más. Este mes Daniel cumplirá 3 años y el dolor cada vez se va haciendo un poquito menos.

El nacimiento de Daniel en la Clínica de Nuestra Sra. del Rosario, Madrid.
Angela Müller, enero del 2008

 

Tiempo después recogí mi historial, estuve un día sin leerlo, aunque durante más de una año había ansiado saber lo que pasó. Cuando empecé a leer los apuntes de las enfermeras, me quedé helada: "13:15: Ingreso. Gestante. Cesárea esta noche. Se la harán."- "15:30: baja a OP a las 21:00". Fue toda una sorpresa descubrir que a las 13:15 ya sabían que me iban a operar, mientras nosotros no sabíamos nada. "Nace a las 21.45h…Apgar 9/10, buena adaptación y vitalidad.

Comenzamos tolerancia con suero glucosado a las dos horas de vida y le damos 20cc de leche a las 8 horas de vida". – Era verdad, cumplieron a raja tabla su protocolo del "descanso nocturno de 6 horas" con un recién nacido de pocas horas. Apuntaron mil cosas más: "Llora, pero luego no hace mucho por comer"- Se me encogió el corazón con esta frase. "Su madre intentó ponerle al pecho"- En "alimentación" hicieron una cruz en "leche materna" y luego añadieron "marca: Nutriben". El pediatra puso "no forzar con el biberón". Y en el primer informe del neonatólogo leo: "Juicio diagnóstico: Leche artificial"

En ningún momento respetaron mi deseo de dar el pecho a mi hijo, me dijeron que eso lo podía hacer en casa. El pediatra encima apuntó en su informe final: "He hablado con la madre, pretendía venir c/3 horas para darle el pecho. Le he informado que en el Protocolo nuestro está contemplado que cuando estén los niños en cuna pueden venir las madres, quedando con la enfermera, para darle 2 (dos) veces al día en las horas de visita." y yo me pregunto: ¿Qué protocolo es ese? ¿Quién lo hizo? ¿Por qué no se revisa? ¿Por qué permiten que se siga aplicando un protocolo así? A todas mis preguntas las pediatras me respondieron: "Porque si" o "Porque no", era simplemente patético.


Volver