¡QUE NO OS SEPAREN! - Marta e Inés
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Inés fue ingresada en un hospital a los cinco días de vida. Su madre se alojó con ella. En este relato nos cuenta cómo transcurrieron esos días y comparte sus recuerdos y sensaciones al respecto.

A los cinco días de vida, a Inés le subió la fiebre. Eran las 4 de la mañana, tenía la frente caliente, le tomé la temperatura y tenía 38'0°C. Me asusté, es mi primera hija y no sabía muy bien qué hacer. Pregunté a mi madre, le puso unos paños fríos que le fueron bien y me dijo que a ver qué tal por la mañana.
A las 8, seguía con fiebre.

Decidimos acercarnos al centro de salud. La pediatra, después de preguntar algunas cosas, nos dijo que por protocolo debía mandarnos al hospital, que Inés era muy pequeña y debían asegurarse de que no pasaba nada. Nos recomendó ir a La Paz (Madrid), porque tienen el mejor hospital infantil. Allá que nos fuimos. Ya en urgencias, le dieron apiretal. Al ratito le bajó la fiebre. Dijeron que, por protocolo, tenían que tomar muestras para cultivos de orina (primero muestra normal que dio positivo y después muestra estéril con sonda, para asegurarse de que no era una muestra contaminada) y sangre, para ver si era por una infección. Al rato, dijeron que, por precaución, debían hacer una punción lumbar, para asegurarse de que no era una meningitis. Me asusté mucho. Cuatro veces la pincharon y no consiguieron líquido cefalorraquídeo. Cada vez que Inés lloraba yo me rompía por dentro, impotente y rabiando por no haber entrado con ella. Lo pedí, me dijeron con mucha amabilidad que era peor, porque pondría nervioso a quien lo hiciera y tardarían más, que tenían que concentrarse. Me lo tragué y no entré, imbécil de mí. Fue el único momento en que estuvimos separadas esos días, no volví a dejarla sola.

Ese día estuvimos allí en una salita en urgencias, esperando, para saber qué pasaba. Yo estaba muy asustada, pensando qué le pasaría, desesperada por si fuese una sepsis, palabra maldita que no pronunciaban pero a la que hacían referencias indirectas. Fue un rato horrible.
Finalmente, me dijeron que tendría que quedarse ingresada, porque le iban a administrar antibióticos como si tuviera meningitis, que eso cubría también otros tipos de infección y que los resultados de los cultivos tardarían varios días, así que había que quedarse allí.
La sospecha se centraba principalmente en infección de orina, así que ingresaron a Inés en la planta de nefrología. A todo esto, yo estaba recién parida, así que nos dieron una habitación individual para Inés con cama para mí. Agradecí mucho no tener que estar en una butaca.

Los días iban pasando mientras esperábamos los resultados, y la incertidumbre iba desapareciendo poco a poco, porque Inés estaba bien, sin fiebre y mamando a demanda sin problemas, eso era lo que más me tranquilizaba. De hecho, ganó medio kilo en una semana. Recuerdo como un poco agobiante el seguimiento que hacían de la lactancia: tenía que apuntar todas las tomas y el peso de todos los pañales en una hojita. La pesaban todas las mañanas (qué absurdo). Al principio me dijeron que, si no comía bien, habría biberones. Que tenían una nevera, que si quería sacarme leche para alguna toma podía dejarla allí, pero yo prefería darle el pecho. No dijeron nada más del tema pero, si me hubieran dicho algo de biberones, creo que habría dicho que no. Depende, creo que estás tan desprotegido que es difícil decidir.
Allí estaba la pobre, con su gotero de antibiótico bien amarrado a su bracito, tan pequeña en una cuna tan grande. Aproveché para darle muchos, todos los mimos del mundo mientras estábamos allí las dos tantas horas, casi no tocó la cuna. Y luego, tan asustada cada vez que le hacían algo. Entonces yo le cogía la manita y le acariciaba la cabeza, le decía cosas bonitas y ella se me quedaba mirando sin entender nada, pero mucho más tranquila.

No supieron lo que era, los cultivos dieron negativo. Ni idea. Mucho mejor, la verdad. Un golpe de calor, quién sabe.
Nos marchamos a casa, cansadas pero felices de que todo fuera bien.
Me pregunto hasta qué punto era necesario un protocolo tan tajante.

Marta e Inés

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