¡QUE NO OS SEPAREN! - De la teoría del vínculo a la neurobiología del apego
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De la teoría del vínculo a la neurobiología del apego

Dra Ibone Olza
Médico psiquiatra infanto-juvenil

John Bowlby (1907-1991) era un psiquiatra infantil británico que a partir de sus observaciones con niños con dificultades e institucionalizados que habían sufrido graves carencias en la relación con su madre elaboró la teoría del vínculo como teoría del desarrollo emocional. Mary Ainsworth (1913-1999) psicóloga americana y discípula de Bowlby contribuyó de manera fundamental al desarrollo de la teoría y de la metodología que permitió todas las investigaciones posteriores.

En 1950 la Organización Mundial de la Salud encargó a Bowlby la redacción de un informe sobre como atender a los niños que habían sido separados de sus padres por la segunda Guerra Mundial. Bowlby entonces afirmó: “Consideramos esencial para la salud mental, que el bebé y el niño pequeño experimenten una relación cálida, íntima y continuada con la madre (o sustituto materno permanente), en la que ambos hallen satisfacción y goce”.

La teoría del vínculo, formulada sistemáticamente a partir de 1969, recibió fuertes críticas iniciales pero posteriormente casi todo lo que propuso ha sido demostrado. Bolwby describe el vínculo como un instinto biológico destinado a garantizar la supervivencia de los bebés. El vínculo es el lazo que se establece entre el recién nacido y su madre, cumple la función biológica de promover la protección, la supervivencia y en ultima instancia la replicación. En las décadas que siguieron al desarrollo de la teoría se fueron estudiando las características del vínculo, por una parte la importancia de la disponibilidad y sensibilidad de la madre y por otro el sistema de conductas que desarrolla el bebé para conseguir que su madre esté cerca de él, lo que le permite sentirse seguro y poco a poco empezar a explorar su entorno. A lo largo de toda esa serie de interacciones entre la madre y el bebé se va estructurando el vínculo. Se describieron además los tipos de vínculo que se agruparon en tres grandes categorías: el vínculo seguro, el vínculo inseguro-ambivalente y el inseguro-evitativo

Ya en las primeras investigaciones realizadas en los años 70 se comprobó que los niños que se habían vinculado de manera segura a su madre siendo bebés resultan ser mas cooperativos, empáticos, competentes socialmente, mas interesados en aprender y explorar y mas seguros que los niños que tenían un vínculo inseguro con sus madres de bebés.

Sabemos ahora que las relaciones de apego son la base segura que va a posibilitar la confianza y seguridad en uno mismo que es fundamental para un adecuado desarrollo de la personalidad. En la relación de apego se desarrolla la seguridad íntima del niño, la eficacia y valor que atribuye a su autoconcepto, junto con aspectos de las relaciones personales íntimas, tales como la capacidad de tener relaciones afectivas próximas, de procurar y recibir atenciones y de cuidar de los otros.

Desde entonces numerosos estudios demuestran que la manera en que se desarrolla el cerebro está fuertemente afectada por las relaciones tempranas del bebé, especialmente las que establece con su madre y padre.

En las dos últimas décadas una buena parte de la investigación se ha centrado en desentrañar los mecanismos químicos, neurológicos y hormonales que facilitan el vínculo entre el bebé y su madre desde el parto, este campo se llama neurobiología del apego. Así se va avanzando en la comprensión de ese delicado engranaje que se inicia nada más nacer el bebé o incluso antes. Sabemos ahora que los bebés reconocen a sus madres desde el mismo momento del nacimiento gracias al olfato (1,2,3) (y que por ello es importante no lavarles nada más nacer, ya que reconocen a su madre por el olor a líquido amniótico) y que prefieren escuchar su voz a cualquier otro sonido (4,5). Cuando nacen vaginalmente los bebés están en estado de alerta y esperan ser dejados sobre el vientre de su madre piel con piel. Desde ahí saben perfectamente como llegar hasta su pecho y como iniciar la lactancia en las dos primeras horas de vida.

Pero es que además nada más nacer el cerebro del niño y el de la madre están bañados en un mar de hormonas que afectan profundamente al vínculo y que en un futuro jugarán un papel en todas las relaciones sociales que establezca el bebé conforme crezca. Así la oxitocina, también conocida como “hormona del amor” hace que la madre sienta un enamoramiento de su bebé que le facilitará enormemente el cuidarle durante los primeros años de vida y en el cerebro del bebé hace que ese amor materno sea recíproco. La vasopresina que es una hormona muy relacionada con la oxitocina también está en juego y al parecer interviene igualmente en el desarrollo del vínculo que marcará las futuras relaciones sociales e incluso sexuales. Otra hormona, la prolactina, empieza entonces su labor permitiendo la producción de leche y haciendo que para la madre la lactancia sea algo espontáneo, relajante y sencillo. Otras sustancias como las endorfinas que también se producen durante el trabajo de parto van a hacer que ese primer encuentro sea muy placentero para los dos y que por decirlo de alguna manera madre y bebé se enganchen de la mejor manera posible.

De la misma manera que se va avanzando en el conocimiento neuroquímico de cómo se establece el vínculo cada vez es mayor la evidencia de que alterar ese equilibrio hormonal de la madre mediante sustancias como la oxitocina sintética en el parto o del bebé mediante la separación puede alterar de por vida el desarrollo cerebral del bebé (6). La separación de la madre supone un estrés enorme para el bebé, que hace todo lo posible por reunirse con su ella mediante el llanto. Si pasado un tiempo prudencial no consigue reunirse con ella el bebé deja de llorar: esto no significa que esté bien sino todo lo contrario, su cerebro siente que su vida corre peligro y decide pasar a un modo de “ahorro energético” por decirlo de alguna manera que tiene mucho que ver con la vivencia de la desesperación. Son numerosos los estudios que han comprobado como ese enorme estrés que supone ser separado de la madre en las primeras horas de vida afecta el neurodesarrollo: al llorar el bebé produce niveles altísimos de cortisol que pueden ser dañinos para su propio cerebro (7,8). En los estudios realizados con ratas y monos se ha comprobado cómo esto afecta al desarrollo de partes del cerebro cruciales para la conducta social y afectiva como son el hipocampo o la amígdala (9). Los estudios en humanos han demostrado que igual que el cortisol (la hormona que se produce cuando estamos estresados) que libera la embarazada estresada daña al bebé (10) también se sabe que en esas primeras horas y días de vida el estrés del bebé por la separación puede llegar a ser muy neurotóxico.

Los estudios realizados con niños adoptados también arrojan cierta luz sobre las consecuencias que esa separación temprana acarrea en el desarrollo neurológico. Así un estudio reciente americano comprobó que los niños producen oxitocina cuando juegan con sus madres. Sin embargo los niños que habían sido adoptados (tres años antes y por familias muy amorosas) no respondían de igual manera y no producían oxitocina tras jugar con sus madres, lo que llevo a los investigadores a concluir que separaciones muy tempranas de la madre biológica pueden dejar secuelas en el sistema neurohormonal de los bebés que persisten mucho tiempo después de haber sido adoptados (11).

Todo esto nos lleva a concluir que cada vez es mayor la evidencia de que separar a los recién nacidos es una práctica dañina y estresante tanto para los bebés como para las madres que puede dejar secuelas y afectar al neurodesarrollo infantil y al vínculo del que va a depender en buena parte la salud mental del niño. Por todo ello pensamos que tan sólo las situaciones de grave y urgente riesgo vital pueden justificar el separar a un bebé de su madre.

En cuanto a como tratar las secuelas de la separación todavía es escasa la información científica en este sentido, pero parece razonable pensar que los tratamientos deberán ser siempre para la díada madre-bebé e incluir además al padre y ser respetuosos y potenciadores de la fisiología del vínculo madre-bebé (12). Por todo ello es previsible que la lactancia materna, el contacto piel con piel prolongado y prácticas como el masaje infantil, el colecho o el cargar a los bebés y niños en brazos, prácticas todas ellas recomendables para favorecer el apego seguro tengan también un alto poder terapéutico para los niños que han sido separados de sus madres de manera temprana y/o que no han recibido un cuidado adecuado en los primeros meses de vida (13).

BIBLIOGRAFÍA

  1. Schaal, B., Marlier, L. y Soussignan, R. (1998). Olfatory function in the human fetus: Evidence from selective neonatal responsiveness to the odor of amniotic fluid. Behavioral Neuroscience, 112, 1438-1449.
  2. Schaal B, Marlier L, Soussignan R. Human foetuses learn odours from their pregnant mother's diet. Chem Senses. 2000;25(6):729-737
  3. Varendi H, Porter RH, Winberg J. Attractiveness of amniotic fluid odor: evidence of prenatal olfactory learning?. Acta Paediatr. 1996;85(10):1223-1227
  4. Fifer WP, Moon CM. The role of mother's voice in the organization of brain function in the newborn. Acta Paediatr Suppl. 1994;397:86-93
  5. Moon CM, Fifer WP. Evidence of transnatal auditory learning. J Perinatol. 2000;20(8 Pt 2):S37-S44
  6. Carter, C. S. 2003. Developmental consequences of oxytocin. Physiology and Behavior. 79:383-97.
  7. Christensson K, Cabrera T, Christensson E, Uvnäs-Moberg K, Winberg J. Separation distress call in the human neonate in the absence of maternal body contact. Acta Paediatr. 1995 May;84(5):468-73
  8. Schore, A. Attachment, affect regulation and the developing right brain: Linking developmental neuroscience to pediatrics Pediatrics in Review, 2005, 26, 204-211
  9. Zhang LX, Levine S, Dent G, Zhan Y, Xing G, Okimoto D, Kathleen Gordon M, Post RM, Smith MA. Maternal deprivation increases cell death in the infant rat brain. Brain Res Dev Brain Res. 2002 Jan 31;133(1):1-11
  10. Talge N., Neal C., Glover V. Antenatal maternal stress and long-term effects on child neurodevelopment: how and why? Journal of Child Psychology and Psychiatry 2007 48 (3-4), 245–261.
  11. Wismer Fries A., Ziegler T., Kurian J.R.; Jacoris, S., Pollak D. Early experience in humans is associated with changes in neuropeptides critical for regulating social behaviour. PNAS, 2005, 102, 47, 17237-17240
  12. Leckman JF, Mayes, L.C. Nurturing resilient children. Journal of Child Psychology and Psychiatry 2007 48 (3-4), 221–223.
  13. Gribble, K.D. A model for caregiving of adopted children after institutionalization. J Child Adol Psychiatric Nurs, 20, 1 14-26, 2007

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